
Cómo empezar bien el curso universitario y conseguir que esta vez tus buenas intenciones se conviertan en cambios reales.
«Este año sí.»
«Voy a llevar las cosas al día.»
«No voy a dejarlo todo para el final.»
«Me voy a organizar mejor.»
¿Te suena?
Septiembre tiene algo de comienzo de año. Curso nuevo, asignaturas nuevas, horarios nuevos… y, muchas veces, las mismas buenas intenciones.
Quizá el curso pasado terminaste pensando que este sería diferente. Que empezarías antes los trabajos, que no acumularías apuntes durante semanas o que no volverías a llegar a los exámenes preguntándote por qué habías esperado tanto.
La intención está ahí.
La pregunta es: ¿qué vas a hacer diferente para que el resultado también lo sea?
Querer organizarte mejor no es lo mismo que saber cómo hacerlo
«Este año voy a organizarme mejor» suena bien. El problema es que no dice demasiado.
¿Qué significa exactamente organizarte mejor?
¿Estudiar todos los días? ¿Empezar antes? ¿Usar una agenda? ¿Dejar de procrastinar? ¿Aprovechar mejor las horas entre clases? ¿Planificar los trabajos con más tiempo?
Las buenas intenciones pueden ser un buen punto de partida, pero necesitan convertirse en decisiones y acciones concretas.
Porque si empiezas un curso nuevo haciendo exactamente lo mismo que el anterior, confiar únicamente en que esta vez será diferente quizá no sea la mejor estrategia.
Y no se trata de convertir septiembre en enero y empezar con una lista interminable de propósitos.
Se trata de algo bastante más sencillo: pararte a pensar cómo quieres afrontar este curso y qué significa para ti organizarte en la universidad.
La universidad te da libertad. Y eso tiene dos caras
Una de las grandes diferencias entre la universidad y etapas anteriores es la autonomía.
Nadie va a comprobar cada tarde si has estudiado. Puedes decidir si aprovechas un hueco entre clases o lo dejas pasar. Puedes empezar un trabajo cuando te lo encargan o cuando faltan dos días para entregarlo. Puedes organizar tu semana… o improvisarla.
Esa libertad está muy bien.
Pero viene acompañada de algo que a veces resulta menos cómodo: la responsabilidad sobre cómo gestionas tu tiempo y tus decisiones también es tuya.
No porque «ya seas mayor y tengas que espabilar», sino porque eres tú quien está construyendo su carrera y quien tendrá que decidir cómo quiere vivirla.
Y asumir esa responsabilidad no significa hacerlo todo perfectamente ni tenerlo todo bajo control.
Significa empezar a tomar decisiones conscientes sobre aquello que sí depende de ti.

Cómo organizarse en la universidad: antes de hacerte un horario, hazte tres preguntas
Si estás empezando el curso, quizá todavía no necesites una planificación perfecta.
Puedes empezar por algo mucho más útil: mirar el curso anterior con un poco de perspectiva.
Pregúntate:
1. ¿Qué hice el curso pasado que sí me funcionó y quiero mantener?
No todo habrá salido mal. Identificar lo que ya funciona también forma parte de organizarte mejor.
2. ¿Qué hice repetidamente que terminó perjudicándome?
Dejar trabajos para el último momento, subestimar el tiempo que necesitabas, distraerte continuamente, estudiar muchas horas sin aprovecharlas, posponer determinadas asignaturas…
No se trata de juzgarte. Se trata de detectar patrones.
3. ¿Qué voy a hacer concretamente diferente este curso?
Aquí está la clave.
«Voy a organizarme mejor» es una intención.
«Cada domingo revisaré lo que tengo que hacer durante las dos semanas siguientes» es una acción.
«No voy a dejarlo todo para el final» es una intención.
«Cuando me asignen un trabajo, decidiré ese mismo día cuándo voy a empezar» es una acción.
Cuanto más concreto sea el cambio, más fácil será comprobar si realmente lo estás llevando a cabo.
No hace falta esperar a estar desbordado
Hay algo curioso que ocurre con frecuencia en la universidad: mientras los exámenes parecen lejanos, parece que todavía hay muchísimo tiempo.
Y cuando dejan de parecer lejanos… empieza la carrera.
Entonces llegan las prisas, las jornadas interminables, los «tenía que haber empezado antes» y la sensación de que ya no queda margen para cambiar nada.
Por eso el principio de curso puede ser un buen momento para trabajar tu organización.
No porque tengas que empezar septiembre estudiando como si los exámenes fueran la semana que viene.
Precisamente por lo contrario.
Porque ahora tienes margen.
Margen para observar cómo te organizas, probar cambios, descubrir qué te funciona, equivocarte, ajustar y construir una forma de trabajar que puedas mantener cuando aumente la carga académica.

¿Y si sabes lo que deberías hacer, pero no consigues hacerlo?
A veces el problema no es la falta de información.
Sabes que deberías empezar antes. Sabes que podrías aprovechar mejor el tiempo. Sabes que dejar determinadas cosas para el último momento te genera problemas.
Y aun así, vuelves a hacerlo.
Ahí puede ser útil dejar de buscar otro método de estudio, otra aplicación o una agenda nueva y empezar a preguntarte qué está haciendo que repitas el mismo patrón.
El coaching académico puede ayudarte a trabajar precisamente ahí: entender cómo estás funcionando, identificar qué te está frenando, establecer objetivos concretos y encontrar estrategias que encajen contigo y con tu realidad.
Mi papel como coach no es organizarte la agenda, perseguirte para que estudies ni decirte lo que tienes que hacer.
Es acompañarte para que encuentres tus propias respuestas, facilitarte herramientas cuando puedan ayudarte y hacerte también esas preguntas que quizá tú solo estás evitando.
El trabajo y las decisiones son tuyos.
También lo son los resultados.
Entonces… ¿este año sí?
Puede que sí.
Pero intenta que no dependa únicamente de una promesa de septiembre.
Mira lo que ocurrió el curso pasado. Decide qué quieres mantener, qué quieres cambiar y, sobre todo, qué vas a hacer de forma diferente.
El curso acaba de empezar. Tienes tiempo para construir otra manera de afrontarlo antes de que lleguen las prisas.
Y si quieres trabajar en ello desde el principio, puedes contactar conmigo y veremos si el coaching académico puede ayudarte.
Porque pedir ayuda también puede ser una decisión adulta.
Y esta vez, quizá «este año sí» pueda significar algo más que una buena intención.